El otro tilo está a punto de secarse. Han pasado más de setenta años desde que una mano ilusionada los plantara. Y ahora, sin una causa aparente, llegan los últimos momentos para este superviviente. A duras penas consigue lanzar al aire unas cuantas ramas y romper ese silencio de tronco abrasado por el odio. Vaya tela.
-¿No pensarás que yo?
-Pues es que es muy raro, con la buena mano que tienes para las parras...
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