-¡Había que tocar el fondo de la alberca!
-¿Para?
-Para saber el suelo que pisabas y lo rápido que te ibas a escurrir o a cortar en algún dedo.
-Supongo que estás ya con las metáforas, como siempre.
-Sí y no.
-¡Cuenta, cuenta!
-Pues eso, que cuando éramos pequeños no había piscinas como ahora, con aguas transparentes limpísimas. Eran otros tiempos. Nos bañabamos en albercas y en el río...¡fíjate!, los ríos eran eso, ríos. Pero nos metían mucho miedo y casi nunca nos bañabamos. La verdad es que raro era el verano que no se ahogaba alguien. Lo cierto es que esas albercas solían tener el agua verde de las algas y el suelo era muy escurridizo. Y era muy fácil caerse porque sobre el cemento había una especie de capa muy fina también de algas que suponían que había que tener mucho cuidado...
-Entonces, ¿cuál es el mensaje?
-No sé, supongo que no se entiende.
-¡Pues no! Venga, empieza a soltar...
-La verdad es que me refiero a que no conoces a alguien hasta que no llegas al fondo, hasta que no convives lo suficiente como para ver esas facetas que no se suelen mostrar. Hay veces que ocurre al contrario, es decir, el primer contacto no es nada positivo y tienes acceso a lo que se podría decir que es la peor cara y luego empieza a mejorar la convivencia y a verse de otra manera. La inmensa mayoría de las veces esas zonas oscuras, por llamarlo de alguna manera, no se perciben. Otras, es vox pópuli y, lo que ha provocado mi comentario es que se da el caso de personas que, por las circunstancias que sean, sí conocen ese fondo que no suele coincidir con la imagen proyectada y percibida socialmente.
-Debe ser decepcionante, ¿no?
-Sí, claro, a eso venía. Tienes a una persona, a una o a cuatro o a las que sean, idealizadas, en su altar, cada una, y de pronto te das cuenta de que esa imagen es falsa. Aparece la realidad, momentánea pero muy expresiva y, aunque te puede costar un tiempo admitirlo, está ahí. Lo intentas relativizar y, ya, con la calma del tiempo, lo manejas de la mejor forma posible. Eso suele suponer siempre el silencio, con lo que conlleva, es decir, con la tensión interna o quizás hipocresía de saber algo y callarlo y hasta decir y escenificar lo contrario. Necesitas, de alguna manera, "egagropilar", tú sabes lo que quiero decir con este palabro que, probablemente, no exista. Te quieres desahogar, te gustaría hablarlo, contrastarlo, desahogarte, pero no puedes. Tienes claro que las ventajas serían ínfimas comparadas con el posible daño que se podría causar.
-Creo que te entiendo aunque me quedo con las ganas de saber algo concreto, de ...
-Imagínate que una persona cercana a tí que goza de muy buena fama y a la que valoras y quieres, de pronto, muestra ese lado oscuro, deja ver un defecto de los que más rechazo te producen...
-¿Por ejemplo?
-Pues, por citar alguno, la mentira, o la envidia, no sé, la lealtad, la nobleza, cada cual tenemos nuestros propios "pilares", nuestros valores, no sé, no te lo sé explicar mejor.
-Sí, creo que sé a lo que te refieres, aunque no hayas nombrado a nadie ni puesto ejemplos concretos. Supongo que el que más y el que menos tenemos o hemos vivido esos desengaños, lo que pasa es que hay gente a la que le falta tiempo para salir corriendo a contarlo o, incluso a inventárselo o a exagerarlo y otros, como tú, prefería mantenerlo en el más estricto secreto. Es admirable esa actitud. Aunque, no sé, creo que puede tener efectos nocivos, en varios sentidos. Por ejemplo, además de tu propio dolor o sufrir puede haber gente que no entienda determinadas formas de comportarte. Pero bueno, cada uno es como es.
-Efectivamente, cada uno es como es.
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