Por primera vez en más de veinte años.cuando llegó, saludó correctamente. No había calor ni muestras de cariño ni de cercanía, pero era verdaderamente, un gran cambio.
Todo parecía indicar que había cambios considerables y una situación excepcional. Era como si el fontanero, por fin, hubiera detectado el atasco y hubiera empezado su labor. Sin embargo, ya había habido alcohol por medio y tampoco se podía fiar de lo que acababa de vivir. Se mantuvo en "su sitio", tanto físico como sentimental, con un ligero atisbo de esperanza. Veinte años hacen daño y llegan a generar hasta estructurasn y durezas, estrategias no necesariamente positivas ni deseadas.
Como tanto tiempo da para mucho el repertorio era muy amplio y variado y pensó que podía ser simplemente una de esas ocasiones en las que se producía un efímero acercamiento porque se aproximaba alguna petición o situación de necesidad.
De manera que no quiso echar las campanas al vuelo. Pensó con la frialdad o la serenidad, mejor dicho, que se había ido fraguando en esos dos decenios. Era de agradecer pero, pensándolo bien ¿había que agradecer que un descendiente te tratara simplemente con respeto y urbanidad? ¿era mucho pedir? Pensaba.
Por el otro lado había una especie de regusto, de pequeña alegría por el paso dado.
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